Capillas Nave de la Epístola

La Catedral y su historia

 

Capilla del Cristo de las Victorias

 

Durante muchos años estuvo destinada a vestuario provisional para los canónigos. Hoy en día es la entrada a la Sala Capitular, a la cual se accede por la puerta que hay en su esquina derecha.

“ En su calle central destaca el Cristo de la Victoria, del siglo XVII, obra de Alonso de Mena. ”

Fue en el siglo XIX cuando se habilita como Capilla, decorando la estancia con un nuevo retablo de sencilla traza y con una estructura neo-escurialense acorde con la época. En su calle central destaca el Cristo de la Victoria, del siglo XVII, obra de Alonso de Mena. A sus pies una dolorosa de medio cuerpo que formó grupo con el crucificado anteriormente visto en la capilla de San Sebastián. Está considerada como una de las mejores dolorosas creadas por Pedro de Mena dentro del modelo de la contemplación. En las hornacinas de sus cuatro calles laterales se emplazan los cuatro evangelistas con sus respectivos símbolos.

 

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Capilla del Sagrado Corazón

 

El retablo barroco de esta capilla representa la vida y el martirio de San Pelayo en una serie de once pinturas renacentistas del primer tercio del siglo XVI. Su realización es atribuible al maestro de Becerril, artista cuyas obras presentan rasgos muy parecidos a las de Berruguete o Juan de Flandes.

“ El retablo barroco de la capilla representa la vida y el martirio de San Pelayo ”

En la hornacina central se presenta el titular de la Capilla, el Sagrado Corazón, la devoción referida al corazón físico de Jesús de Nazaret como un símbolo de amor divino.

La decoración de la capilla se completa con los cuadros de ambas paredes laterales, entre los que destacan las copias de dos originales de Murillo que se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, Santa Justa y Santa Rufina, y San Leandro con San Buenaventura.

 

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Capilla Virgen del Rosario

 

Recibe el nombre de capilla de la Virgen del Rosario por el valioso lienzo que lo preside, obra del pintor granadino Alonso Cano. Se considera una de las piezas más importantes del tesoro artístico de la Catedral.

El tamaño y la cuidada composición vislumbra la importancia artística de Alonso Cano dentro del barroco español. La calidad de los materiales define con gran acierto y belleza la interpretación barroca de la serenidad y el equilibrio clasista, donde el rostro de la Virgen es único y espectacular.

“ el valioso lienzo que lo preside, obra del pintor granadino Alonso Cano ”

La escena se representa de forma simétrica con un rompimiento de gloria y con parte terrenal. La Virgen aparece en un trono de nubes apoyado sobre dos columnas, entregando un rosario a Santo Domingo, que a su vez se abraza a San Francisco. Son testigos de la escena, de izquierda a derecha, Santa Teresa, San Ildefonso, Santo Tomás y Santa Catalina de Siena. Unos ángeles les entregan sus atributos de santidad.

 

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Capilla de la Inmaculada Concepción

 

Esta capilla es fruto de la profunda devoción mariana de nuestra tierra. La Iglesia desarrolla este dogma otorgando una posición especial para María como Madre de Jesús y Madre de la Iglesia.

El antiguo retablo de esta capilla fue quemado. El periodo de reconstrucción del patrimonio artístico de este templo durante la posguerra introdujo un nuevo y moderno retablo de madera sin policromar que sirve de marco al gran lienzo de la Purísima. Esta obra, del silgo XVII, posee un gran interés artístico. Resulta atractiva por sus elegantes tonalidades, sus excelentes toques de color y su distinguido movimiento. Está atribuida a Mateo Cerezo, aunque algunos estudiosos la relacionan con Claudio Coello, por la dulzura del rostro, la postura de la Virgen y la influencia de Alonso Cano.

“ Esta capilla es fruto de la profunda devoción mariana de nuestra tierra. ”

La escena se representa de forma simétrica con un rompimiento de gloria y con parte terrenal. La Virgen aparece en un trono de nubes apoyado sobre dos columnas, entregando un rosario a Santo Domingo, que a su vez se abraza a San Francisco. Son testigos de la escena, de izquierda a derecha, Santa Teresa, San Ildefonso, Santo Tomás y Santa Catalina de Siena. Unos ángeles les entregan sus atributos de santidad.